
Llegó el momento. Después de meses tragándonos tráilers, soportando a YouTubers que juraban tener “fuentes internas” y un hype que amenazaba con reventarnos la bilis, Resident Evil 9 Requiem por fin cayó en nuestras manos. Nos tomó nuestro tiempo terminarlo porque, a diferencia de esos güeyes que se lo pasaron en 2 horas aquí en Noiseland VG sí tenemos que pagar la renta y fingir que somos adultos funcionales. Pero ya quedó. Ya sobrevivimos al enésimo apocalipsis biológico y estamos listos para escupir la verdad.
Capcom lleva años en una racha asquerosamente envidiable. Después de sacarnos sustos con vampiras gigantes en Village y darnos obras maestras como el Remake del 4, sabíamos que la vara para la novena entrega numérica estaba estúpidamente alta. ¿Cuál fue la estrategia de la compañía para no cagarla? Apelar a nuestra nostalgia más sucia y básica. La receta fue simple: traer de vuelta al sugar daddy de la saga, Leon S. Kennedy, darle un hacha y regresarnos al epicentro histórico del desmadre: Raccoon City.

Sí, suena a un intento descarado y corporativo de exprimirnos la cartera usando nuestros traumas noventeros, y adivinen qué… les funcionó a la perfección.
Pero no se confundan, aquí no venimos a sobarle la espalda a los desarrolladores ni a leerles el boletín de prensa como si fuéramos un medio comprado. Venimos a desmenuzar el monstruo. Queremos saber si la dinámica entre el veterano rompecorazones y la nueva víctima de las circunstancias (Grace) realmente cuaja, si todo el teatrito del “Virus Elpis” es una genialidad o una jalada más del guion, y lo más importante: si vale la pena soltar la quincena en esta masacre o si mejor te esperas a las rebajas de invierno.
Menos tanque, más masacre fluida y sufrimiento táctico
Capcom entendió a la perfección que los jugadores tenemos personalidades divididas. Por un lado, tenemos las secciones de Grace, diseñadas para los que les gusta usar la materia gris. Su estilo es más pensativo, puro survival horror donde tienes que analizar qué ítems llevar y cuáles dejar. Y la neta, la mecánica de craftear objetos extrayendo sangre infectada funciona muy bien además innova porque no se había visto en la franquicia y le suma muchísimos puntos. Por otro lado, tenemos a Leon, que es pura testosterona, acción desmedida y personalización de armas para repartir madrazos a diestra y siniestra. Alternar entre ambos hace que el juego nunca se sienta estancado.
Y si te preocupaba cómo se maneja, respira tranquilo. Todo fluye como cuchillo en mantequilla. Si pensabas que Resident Evil 4 Remake tenía el control perfecto, Requiem llega a mejorarlo.
Tanto Grace como Leon se sienten ágiles, sin esa pesadez de tanque, y la cámara cumple. Eso sí, hablemos de la dificultad: jugar en “Normal Moderna” es un maldito paseo por el parque; te avientan curaciones y balas como si fueran dulces. Una forma muy sencilla de pasarse el juego. Pero si de verdad quieres que te suden las manos, el modo “Insana” es una putada gloriosa. Es difícil hasta los huevos y te va a obligar a administrar tus cintas de guardado con paranoia total. Un reto de verdad.

El chisme en Raccoon City: Agujeros de guion, clones chafas y Leon carreando la trama
Seamos honestos, la historia es lo más flojito del paquete. Capcom (como siempre) se vuelve a sacar partes del guion del fondo del bolsillo, pero a estas alturas ya les perdonamos los agujeros narrativos porque es marca de la casa. Todo este rollo de regresar a Raccoon City es puro fanservice que quizá no tiene muchísimo sentido lógico, pero los guiños están muy chidos. Me gustó el giro final con el “Virus Elpis”; ese concepto de la “última esperanza” le inyecta frescura al lore. Y milagrosamente, el juego tiene una excelente coherencia ludonarrativa: lo que haces con el control hace sentido con lo que pasa en la historia, sin desconexiones raras.
Pero hablemos del elenco. Grace es una adición espectacular, le compras su sufrimiento y cae muy bien. Y Leon… puf, Leon está hermoso el cabrón. Tiene una vibra de justiciero harto de la vida, una especie de Punisher con un aura imponente que te hace sentir que controlas a la máquina de matar definitiva (que además cuenta chistes rancios).
Lamentablemente, los villanos no corrieron con la misma suerte. Victor Gideon empieza prometiendo y termina siendo genérico a más no poder. Pero el que más duele es Zeno: el güey tenía todo el potencial del mundo, era un clon descarado de Wesker que imponía respeto, y Capcom la mega turbo cagó con su desenlace. ¿Y Sherry? Bien, gracias, de adorno casi todo el juego, una Hunnigan 2.0






Pura crema visual y balazos que te reinician el Windows
Nosotros le echamos el guante a la versión de PC y, maldita sea, se ve increíblemente chingón. No tenemos idea de cómo va a ser la experiencia generalizada o si la Switch se va a derretir intentando correr esto, pero si tienes una buena máquina, es un orgasmo visual. Curiosamente, las secciones de Grace tienen un diseño de arte y una atmósfera que las hacen lucir todavía más espectaculares.
El diseño sonoro no se queda atrás. La inmersión es total: cuando el juego quiere que te cagues de miedo en un pasillo, te pone los pelos de punta, y cuando toca armar la balacera, los escopetazos truenan con una contundencia brutal. Cumple en todos los frentes.
¿Desquitas la quincena o te lo acabas en un speedrun de domingo?
No es el Resident Evil más largo de la historia, pero tampoco te van a estafar con tres horas de campaña. La duración se siente correcta, aunque inevitablemente te quedas con ganitas de seguir repartiendo plomo con Leon. Obvio, para los enfermitos sin vida que aman el speedrun, seguramente en menos de dos horas ya le dieron en su madre al juego.
El problema real viene cuando ves los créditos. A menos que seas un completista masoquista que necesita pasarlo sí o sí en dificultad “Insana”, no hay muchísimas razones de peso para volver a jugarlo de inmediato. De momento, no hay modos extra que te retengan. Sabemos que habrá contenido adicional en el futuro, y si Capcom es inteligente y nos trae de vuelta el modo Mercenarios, estaríamos hablando de otro nivel de rejugabilidad. Por cierto, en temas de accesibilidad, viene en todos los idiomas y con un chingo de opciones de configuración, así que por ese lado no hay quejas

El Veredicto de Noiseland VG: ¿Le rezamos o lo mandamos al diablo a Reseña Resident Evil 9 Requiem?
Para ser justos y directos: Resident Evil 9: Requiem no supera lo que lograron con Resident Evil 4 ni con su Remake, pero sin duda siguen siendo los reyes del baile. Se consolida sin broncas como uno de los títulos más fuertes, brutales y divertidos del catálogo reciente.
Nota final: 8.5
Nos la pasamos increíble, así que le clavamos un sólido 8.5/10. (Y sí, somos unos barcos: si en el futuro le meten el modo Mercenarios para seguir reventando zombis, esta madre se trepa al 9.0 sin pensarlo).
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